Hoy me gustaría hacer hincapié en, posiblemente, el producto más incomprensible para muchos catalanes; la avena.
La primera vez que vi la avena, he de reconocerlo, confundí el paquete de la misma con algún sucedáneo de comida para animales, aunque no te sabría decir si de pájaro, de perro o de caballo. Esta es una especie de maíz aplastado cuyo color me confundió y provocó la curiosidad en mis papilas gustativas. -Será como los cereales...- pensé en un alarde de atrevimiento cuan intrépido ignorante, pues poco me podía imaginar que esa comida de color amarillento y forma de pipa podía esconder una textura tan áspera.
Lo curioso de la avena es que te engaña, lo bueno es que solo lo hace una vez. Tras esa aparente fragilidad se esconde un elemento que puede llegar a provocar arcadas de proporciones notables si te enfrentas a ella sin estas habituado.
Para empezar se sirve con leche, como los cereales de toda la vida, con la diferencia que ella tiene la propiedad de absorber este líquido al instante adaptando una solidez terrosa propia del cemento.Una vez en la boca notas una de las diferencias principales con los cereales: la avena no se puede masticar bien, al menos los que somos novatos en este campo, y tiene ese sabor... bueno, hay que ser mexicano para asimilarlo como tal o, en su defecto, si estas preparado, puedes llegar a aceptarlo y consumirlo. Yo, como he dicho con anterioridad, aun no lo he asimilado.
Te invito, pues, desde mi humilde posición, a que pruebes este alimento el cual en ese gran país se come en cantidades industriales,sobretodo en los desayunos y/o cenas, y que te sientas un poco más cerca del lindo y querido México, eso sí, ten cuidado! no me gustaría que confundieras la avena con los frijoles o las quesadillas, grandes estandartes de esa rica y saludable cocina.
...un catalán estupefacto.
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